Durante décadas, los modelos de curación trataron la mente y el cuerpo como dominios separados. La psicología habló de los pensamientos y las emociones, mientras que la medicina se dirigió a los tejidos, los órganos y la química. Sin embargo, cualquiera que haya vivido estrés crónico, trauma o dolor persistente sabe que esta división es artificial. El miedo oprime el pecho, el abdomen, la espalda y las rodillas. El dolor debilita los pulmones. La preocupación excesiva dañará la digestión, el estómago y el bazo. La ira oprime la mandíbula, los hombros y el hígado. Constantemente soy testigo de cómo el estrés a largo plazo remodela la postura, la respiración, la función inmunológica e incluso la identidad. En el centro de esta realidad vivida se encuentra un nervio que pocas personas comprenden realmente: el nervio vago. Esta única vía neuronal puede ser el puente biológico más importante entre la experiencia y la fisiología, entre la memoria y el metabolismo, entre la seguridad y la supervivencia. En mi trabajo clínico con trauma, dolor crónico y desregulación del sistema nervioso, he visto una y otra vez que la curación sostenible no proviene solo de la introspección. Proviene de restaurar la regulación, y el nervio vago es una puerta de entrada principal. Primero, profundicemos en la anatomía de este extraordinario nervio. Mira este gran videotutorial
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