Durante años, me enseñaron la regla simple: hielo para las lesiones, calor para los dolores. Pero en mis décadas de trabajo con el cuerpo, explorando el trauma y experimentando con métodos de sanación en todo el mundo, he aprendido que no es tan simple. Tanto el calor como el frío tienen su lugar, y usarlos sabiamente puede cambiar la rapidez y la profundidad de la recuperación del cuerpo.
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